
EL PASO, Texas (KINT) – El deshielo en la Antártida no es un fenómeno lejano. Es un reflejo del futuro que podría alcanzarnos si no se toman medidas a tiempo. Lo que ocurre en el continente blanco tiene impacto directo en otras regiones del mundo, incluso en zonas desérticas.
En diciembre de 2025, Héctor Urrita realizó un viaje a la Antártida, un territorio clave para el equilibrio climático del planeta y que actualmente pierde hielo a un ritmo acelerado. Estudios recientes señalan que cerca de 50 plataformas de hielo han perdido más del 30% de su masa desde 1997, y varias han reducido más de la mitad de su volumen.
Este proceso no solo contribuye al aumento del nivel del mar, sino que también altera corrientes oceánicas, modifica patrones climáticos y favorece fenómenos extremos a nivel global. Algunos glaciares ya muestran señales claras de retroceso.
Se estima que una gran parte del agua dulce del planeta se concentra en la Antártida, lo que la convierte en una región especialmente vulnerable al calentamiento global. El derretimiento de los glaciares también representa una amenaza para la biodiversidad, ya que afecta la cadena alimentaria de especies como ballenas y pingüinos, poniendo en riesgo a animales como el pingüino emperador y el lobo marino.
El naturalista canadiense Robert Raincock destacó la importancia de la contaminación oceánica en este contexto. Señaló que, durante mucho tiempo, la atención se centró en la contaminación del aire, pero que la contaminación del agua es igual o incluso más relevante por su impacto ambiental.
Aunque parezcan entornos muy distintos, los efectos del cambio climático en la Antártida tienen repercusiones en regiones áridas como el suroeste de Estados Unidos. Expertos coinciden en que es necesario prepararse para enfrentar temperaturas más altas, lluvias intensas y otros fenómenos extremos derivados de estos cambios.
Fuente original: Noticias El Paso
Por Alan Tiscareno
22 Apr, 2026









